Polvorín
Por: José Ángel Solorio Martínez
El Teatro testimonial…
Las Veredas de Dante, es un montaje que puede inscribirse en el Teatro testimonial. Se ha escrito, se ha dirigido y se ha actuado, desde la experiencia social –vital y mortal- más explosiva, más sensible. Golpea, hiere, rasga, lastima, porque su carga emocional es la de todos: la del escritor, la del director, la del actor…
…y la más importante: la del espectador.
Este montaje, no intenta divertir.
Menos, sentenciar, dar moralejas, ofrecer consejos.
Y mucho menos, crear conciencia –aunque pudiera lograrlo-.
Por su esencia, este tipo de Teatro es una experiencia generada por la conexión de las cosmogonías del escritor, el director, los actores y el espectador. Todos saben, de lo que están hablando; todos saben, lo que están sintiendo.
Y todos conocen, por qué se está hablando y por qué se está sintiendo.
En escena no aparece, nada que el espectador desconozca. El director, el autor, y los actores, han superpuesto el escenario social –completito: desde el argumento hasta las interpretaciones-, sobre el escenario teatral.
En espectador, no es un espectador en sí. Es un espectador para sí, y por ello se fusiona en el montaje como un actor más, como un sujeto que recibe y comparte –espiritual y materialmente- sus experiencias.
El autor está distante del proceso creativo en el sentido estricto. El texto, ha sido tejido desde de la vivencia social y de la exposición del humor social construido por lo peor -y lo mejor- de los factores sociales e institucionales. El escritor, sólo da forma al relato del hombre y de su comunidad; sólo expone, los efectos de la cohabitación entre esas dos entidades.
El aporte más significativo del Teatro testimonial, -y de la pulcra dirección de Medardo Treviño- es la eliminación de las paredes del escenario. (Una de las aportaciones más significativas al Teatro contemporáneo fue realizada por Bertolt Brecht, quien rompió la cuarta pared, al hacer añicos el imaginario muro entre montaje y espectador).
¿Se rompen las paredes en el Teatro testimonial?..
No.
No se rompen.
Las cuatro paredes, se hacen desaparecer. En el montaje todo es dialéctica; todo es movimiento y sensación, que van y vienen del escenario y para el escenario. El actor en momentos, es espectador; el espectador, se torna actor; el director, se vuelve espectador y el autor deja correr en el guión una gama de acontecimientos que todos han vivido y sufrido como tizones bajo sus pieles.
El Teatro testimonial, ante todo, debe de ser un documento histórico. Un escrito, que debe quedar en la memoria, en el recuerdo de los protagonistas. No para evitar que se repitan hechos atroces –la Historia es única e irrepetible-; sí para que los ciudadanos que vienen, a partir de escenarios pasados, construyan mejores paisajes sociales y enaltecedores valores de vida en su futuro…